Morado en el aeropuerto

La mañana después de la celebración canina anual en el pueblo Salvador de Bahía en Brasil, Oliver, un niño de nueve años quien asistió a la misma, se encuentra en el aeropuerto a la espera para abordar el vuelo 523 con destino a Río de Janeiro.

Tanto él como sus padres hablan español, ya que son de origen venezolano, pero viven allá por asuntos laborales.

Sentado en el piso y cansado, Oliver grita con gran asombro; ¡mamá, mamá, allí está el perro morado que vimos en la feria canina!

—¿Dónde, hijo? —con mucha alegría responde Lucía, su mamá.

—¡Me voy rápido a tomarme fotos con él! Ayer no lo pude hacer —responde Oliver.

—¡Con mucho cuidado, Oliver! Debes ser prudente con sus dueños —dijo Lucía.

Oliver no paraba de brincar al lado del perro, cuyo aspecto era intensamente morado. Se tomó un sin fin de fotografías; lo acariciaba por completo hasta la cola, mientras Gris, el perro, se mantenía apacible.

—Oye, ¿por qué se llama Gris?, si es morado- preguntó Oliver a su dueña, quien con aspecto intelectual le responde:

—Es que no quiero que acierten su nombre al llamarlo. Lo cuido mucho, es mi única mascota. Así nadie va a saber cómo se llama —dijo Isabella, su dueña, también venezolana.

Oliver no salía del asombro, amaba al perro y no quería despedirse de él.

Luego de dos largas e intensas horas de jugueteo con Gris, Oliver saca de su bolsillo una linterna muy pequeña, que al prenderla le causó gran conmoción al perro, que comenzó a correr por todo el aeropuerto de manera asustada.

Nadie lo podía alcanzar.

—¡Oye, niño!, ¿qué has hecho? Gris se fue y no logro alcanzarlo; avisa por favor a las aerolíneas, que todos sepan que el perro es juguetón y está asustado —dijo Isabella.

—¡Perdón, perdón! Yo solo quise jugar con la linterna y Gris —dijo Oliver.

—Pues, ¡ya ves! Es una mascota y no entiende de linternas —contestó Isabella.

Con gran conmoción, el personal del aeropuerto activa repetidos anuncios expresando que el perro es juguetón y no hay ningún peligro; así que la gente demostraba alegría al ver a Gris deslizando sus grandes patas por los pasillos del aeropuerto de manera juguetona.

Mientras tanto, los padres de Oliver reposaban en cómodos sillones del salón VIP. Decidieron esperar dentro de un ambiente de relax, mientras Oliver no paraba de ser feliz detrás del tan querido animal.

Una vez hallado y tranquilo, Gris es alimentado con snacks especiales por parte de su dueña, quien a su vez es abordada por gran cantidad de pasajeros interrogándola por el aspecto del can.

—Cara, você é incrível!: Amigo, ¡eres increíble! —dijo un pasajero al perro.

—Menos mal lo agarraron, ¿te imaginas si no?, y la familia del niño hubiese tenido que bajarse de la mula para reponer el extravío de este perro —comentaba otra pareja de venezolanos esperando por el vuelo.

—¡Ay!, ya hablen con claridad; lo que quieres decir es “pagar” si el perro se hubiese extraviado, ¿verdad? —una amiga de este grupo proveniente de Venezuela expresó.

—Sí —contestó el expresivo y asombrado venezolano, quien se había metido en el asunto.

—Ok, ok. Les explicaré detalles generales de mi perro, pero no acerca de su color —dijo Isabella.

—¿Por qué, Isabella?, ya yo soy el mejor amigo de Gris, y no me iré a casa sin que me digas por qué es morado —respondió Oliver.

—Oye, niño. Es casi hora de abordar nuestros vuelos. Soy una amante de la literatura, y eso me inspiró a llevar a Gris a tener ese aspecto; es lo único que te puedo decir —respondió Isabella.

Oliver, a quien nunca sus padres le han negado nada, se sintió apenado. No sabía si insistir en tener la respuesta sobre el aspecto de Gris, o irse definitivamente con sus padres y una duda que tendría por siempre, así que pide ayuda a su madre a través del teléfono.

—Mami, mami. Por favor, habla con la dueña de Morado, o Gris, o como lo quieras llamar. Pregúntale por qué es de ese color; mira que ya nos vamos — dijo Oliver.

—Oliver, ¿tú todavía estás detrás de Rosado? —dijo Lucía.

—¡Mamáaa, que no se llama Rosado! Es morado y se llama Gris —dijo Oliver.

—Oh, bueno, hijito. Siempre la prudencia es lo mejor. Ya deja a esa chica tranquila. —respondió Lucía.

—Ok, mamá. Pensé que, como siempre, me ibas a conceder todo, todo lo que quisiera —respondió Oliver.

Algunos minutos más tarde, Isabella abraza con gran cariño a Oliver.

—Gracias por ser tan gentil con mi perro, Oliver. Toma mi tarjeta. Llámame cuando quieras, y probablemente con el tiempo te diré por qué mi perro es morado —dijo Isabella.

—Gracias también a ti —respondió Oliver con gran frustración.

—Buen viaje —dijo Isabella.

—Igual —dijo Oliver.

Significado de términos: 

Bajarse de la mula: pagar algo con dinero

Image credit: Alf Ribeiro / Shutterstock.com

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Escrito por:

Profesora de Inglés y Español. Escritora de cuentos y poesía. Venezolana.
Peggy Echenique