El combo inseparable

Era sábado en la noche, pero no cualquier sábado, era un sábado de la Feria de Cali, la ciudad estaba super animada, llena de luces navideñas en la Avenida Quinta, carpas con artistas, eventos por todos lados y el turismo a reventar; y también con los precios un poquito altos.

Jack, Santiago y Andrés no se podían quedar atrás. Llegaron al bar que siempre iban, estaba llenísimo y la gente tenía toda la actitud de Feria.

– Uy qué ritmo tan sabroso, mira a Jack como baila, ya parece caleño y todo —dijo Andrés.

– Y pensar que cuando llegó no sabía ni siquiera que era un cholao —dijo Santiago.

– Y entonces ¿qué tal la feria Santi, qué grupos has visto? —dijo Andrés.

– Pues Cata me dijo que está buenísimo, yo no he podido ir a los eventos, ando sin cinco —dijo Santiago.

– Ah, pero igual esta rumba está buena, pasemos un ratico aquí —dijo Andrés.

Jack no paraba de dar vueltas en la pista al son del Grupo Niche cantando desde lejos: Si huele a caña, tabaco y brea, usted está en Cali, ay mire vea… mientras apretaba por la cintura a una muchacha de jean blanco que había sacado a bailar desde que llegaron.

Lo que Santiago no sabía era que le tenían una gran sorpresa, ya que su cumpleaños era justo en esos días: el 29 de diciembre.

– Oigan si vieron cómo me miraba esa nena de la esquina, seguí su consejo y la saqué a bailar —dijo Jack.

– Eso Jack, usted sí aprende rápido —dijo Santiago.

Santiago era profesor de idiomas y había conocido a Jack un día que su mejor amigo Andrés se lo había presentado para darles clases, desde ese entonces ese combo era inseparable. No podía faltar la lulada en el parque de los gatos y el pandebono antecito del almuerzo. Y ni hablar de la infaltable visita a la licorera de Don Lucho.

Jack quería demostrarle a Santiago todo lo que le agradecía por tener una fantástica vida sociable y poder adaptarse a la cultura caleña desde que llegó de Atlanta en el 2017 en su primer viaje a Latinoamérica. Así que acordaron con Andrés que le dieran un regalo que no olvidaría.

– Santi, te invito una cervecita bien helada para este calor aquí en la esquina, mira que aquí en la disco valen el triple. Camina —dijo Jack.

Llegaron a la tienda que tenía un gran letrero con un nombre muy original: “Donde Lucho”.

– 2 cervezas don Lucho, bien heladas como me gustan —dijo Jack.

– Mister Jack very gud. Como ha aprendido de bien español este gringo y yo todavía en pañales —dijo don Lucho.

– Ah pues se lo debo a este hombre —dijo señalando a Santiago— aquí donde lo ves, es el mejor profe, trabaja en Español en 3000, una página super buena—dijo Jack.

– ¡Oigan!—gritó Andrés—, súbanse al carro, nos toca devolvernos, me pidieron un favor super urgente, yo los llevo a la casa ¿listo?

– No Andrés, justo cuando se estaba poniendo buena la rumba. Tremendo aguafiestas. El pobre Jack ni siquiera alcanzó a invitar a salir a la muchacha—dijo Santiago enojado.

En el camino hacia el carro, Jack sacó de su billetera dos boletas, se acercó a Santiago y le dijo:

– Mire Santi, 2 boletas para el Salsódromo para que vaya a la feria con quien usted quiera —dijo Jack.

– Cortesía de la casa, la idea fue de Jack. ¿Qué le parece? —dijo Andrés.

Santiago estaba super emocionado. No podía creerlo. Los abrazó y les dijo:

– ¡Muchas gracias muchachos! De verdad se los agradezco, ahora sí podemos ir todos entonces. —dijo Santiago.

– Claro que sí Santi, espéreme un segundito y ya organizo aquí con la nena —dijo Jack.

En ese momento se estaba acercando la muchacha con la que estaba bailando Jack.

– Mira, si quieres podemos ir a la feria, yo te invito, y seguimos charlando bueno. ¿Qué dices? —dijo Jack.

– Déjame pensarlo… pero con una condición —dijo la muchacha, con cara seria.

– ¿Cuál? —dijo Jack.

– ¡Que siga la rumba! —dijo la muchacha.

Todos se subieron al carro, Andrés encendió el motor y Santi quien estaba de copiloto vio por el retrovisor a Jack en la parte trasera del carro mientras hablaba como un loro con ella y pensó:

¡Este gringo sí que es buen amigo!

Image credit: Monkey Business Images / Shutterstock.com

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Escrito por:

Escritora colombo-mexicana, traductora y editora de ebooks y sitios web.
Monica Alarcon